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lunes, 23 de enero de 2017

La globalización ha muerto

Por Álvaro García Linera
La rebeldía crece

Vamos siendo + y +
Diciendo no al régimen explotador

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El desenfreno por un inminente mundo sin fronteras, la algarabía por la constante jibarización de los estados-nacionales en nombre de la libertad de empresa y la cuasi religiosa certidumbre de que la sociedad mundial terminaría de cohesionarse como un único espacio económico, financiero y cultural integrado, acaban de derrumbarse ante el enmudecido estupor de las élites globalófilas del planeta.

La renuncia de Gran Bretaña a continuar en la Unión Europea –el proyecto más importante de unificación estatal de los cien años recientes– y la victoria electoral de Trump –que enarboló las banderas de un regreso al proteccionismo económico, anunció la renuncia a tratados de libre comercio y prometió la construcción de mesopotámicas murallas fronterizas–, han aniquilado la mayor y más exitosa ilusión liberal de nuestros tiempos. Y que todo esto provenga de las dos naciones que hace 35 años atrás, enfundadas en sus corazas de guerra, anunciaran el advenimiento del libre comercio y la globalización como la inevitable redención de la humanidad, habla de un mundo que se ha invertido o, peor aún, que ha agotado las ilusiones que lo mantuvieron despierto durante un siglo.
La globalización como meta-relato, esto es, como horizonte político ideológico capaz de encauzar las esperanzas colectivas hacia un único destino que permitiera realizar todas las posibles expectativas de bienestar, ha estallado en mil pedazos. Y hoy no existe en su lugar nada mundial que articule esas expectativas comunes. Lo que se tiene es un repliegue atemorizado al interior de las fronteras y el retorno a un tipo de tribalismo político, alimentado por la ira xenofóbica, ante un mundo que ya no es el mundo de nadie.
La medida geopolítica del capitalismo
Quien inició el estudio de la dimensión geográfica del capitalismo fue Karl Marx. Su debate con el economista Friedrich List sobre el capitalismo nacional, en 1847, y sus reflexiones sobre el impacto del descubrimiento de las minas de oro de California en el comercio transpacífico con Asia, lo ubican como el primero y más acucioso investigador de los procesos de globalización económica del régimen capitalista. De hecho, su aporte no radica en la comprensión del carácter mundializado del comercio que comienza con la invasión europea a América, sino en la naturaleza planetariamente expansiva de la propia producción capitalista.
Las categorías de subsunción formal y subsunción real del proceso de trabajo al capital con las que Marx devela el automovimiento infinito del modo de producción capitalista, suponen la creciente subsunción de la fuerza de trabajo, el intelecto social y la tierra, a la lógica de la acumulación empresarial; es decir, la supeditación de las condiciones de existencia de todo el planeta a la valorización del capital. De ahí que en los primeros 350 años de su existencia, la medida geopolítica del capitalismo haya avanzado de las ciudades-Estado a la dimensión continental y haya pasado, en los pasados 150 años, a la medida geopolítica planetaria.
La globalización económica (material) es pues inherente al capitalismo. Su inicio se puede fechar 500 años atrás, a partir del cual habrá de tupirse, de manera fragmentada y contradictoria, aún mucho más.
Si seguimos los esquemas de Giovanni Arrighi, en su propuesta de ciclos sistémicos de acumulación capitalista a la cabeza de un Estado hegemónico: Génova (siglos XV-XVI), Países Bajos (siglo XVIII), Inglaterra (siglo XIX) y Estados Unidos (siglo XX), cada uno de estos hegemones vino acompañado de un nuevo tupimiento de la globalización (primero comercial, luego productiva, tecnológica, cognitiva y, finalmente, medio ambiental) y de una expansión territorial de las relaciones capitalistas. Sin embargo, lo que sí constituye un acontecimiento reciente al interior de esta globalización económica es su construcción como proyecto político-ideológico, esperanza o sentido común; es decir, como horizonte de época capaz de unificar las creencias políticas y expectativas morales de hombres y mujeres pertenecientes a todas las naciones del mundo.

El fin de la historia
La globalización como relato o ideología de época no tiene más de 35 años. Fue iniciada por los presidentes Ronald Reagan y Margaret Thatcher, liquidando el Estado de bienestar, privatizando las empresas estatales, anulando la fuerza sindical obrera y sustituyendo el proteccionismo del mercado interno por el libre mercado, elementos que habían caracterizado las relaciones económicas desde la crisis de 1929.
Cierto, fue un retorno amplificado a las reglas del liberalismo económico del siglo XIX, incluida la conexión en tiempo real de los mercados, el crecimiento del comercio en relación con el producto interno bruto (PIB) mundial y la importancia de los mercados financieros, que ya estuvieron presentes en ese entonces. Sin embargo, lo que sí diferenció esta fase del ciclo sistémico de la que prevaleció en el siglo XIX fue la ilusión colectiva de la globalización, su función ideológica legitimadora y su encumbramiento como supuesto destino natural y final de la humanidad.
Y aquellos que se afiliaron emotivamente a esa creencia del libre mercado como salvación final no fueron simplemente los gobernantes y partidos políticos conservadores, sino también los medios de comunicación, los centros universitarios, comentaristas y líderes sociales. El derrumbe de la Unión Soviética y el proceso de lo que Antonio Gramsci llamó transformismo ideológico de ex socialistas devenidos furibundos neoliberales, cerró el círculo de la victoria definitiva del neoliberalismo globalizador.
¡Claro! Si ante los ojos del mundo la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), que era considerada hasta entonces el referente alternativo al capitalismo de libre empresa, abdica de la pelea y se rinde ante la furia del libre mercado –y encima los combatientes por un mundo distinto, públicamente y de hinojos, abjuran de sus anteriores convicciones para proclamar la superioridad de la globalización frente al socialismo de Estado–, nos encontramos ante la constitución de una narrativa perfecta del destino natural e irreversible del mundo: el triunfo planetario de la libre empresa.
El enunciado del fin de la historia hegeliano con el que Francis Fukuyama caracterizó el espíritu del mundo, tenía todos los ingredientes de una ideología de época, de una profecía bíblica: su formulación como proyecto universal, su enfrentamiento contra otro proyecto universal demonizado (el comunismo), la victoria heroica (fin de la guerra fría) y la reconversión de los infieles.
La historia había llegado a su meta: la globalización neoliberal. Y, a partir de ese momento, sin adversarios antagónicos a enfrentar, la cuestión ya no era luchar por un mundo nuevo, sino simplemente ajustar, administrar y perfeccionar el mundo actual, pues no había alternativa frente a él. Por ello, ninguna lucha valía la pena estratégicamente, pues todo lo que se intentara hacer por cambiar de mundo terminaría finalmente rendido ante el destino inamovible de la humanidad, que era la globalización. Surgió entonces un conformismo pasivo que se apoderó de todas las sociedades, no sólo de las élites políticas y empresariales, sino también de amplios sectores sociales que se adhirieron moralmente a la narrativa dominante.
La historia sin fin ni destino
Hoy, cuando aún retumban los últimos petardos de la larga fiesta del fin de la historia, resulta que quien salió vencedor, la globalización neoliberal, ha fallecido dejando al mundo sin final ni horizonte victorioso; es decir, sin horizonte alguno. Donald Trump no es el verdugo de la ideología triunfalista de la libre empresa, sino el forense al que le toca oficializar un deceso clandestino.
Los primeros traspiés de la ideología de la globalización se hacen sentir a inicios de siglo XXI en América Latina, cuando obreros, plebeyos urbanos y rebeldes indígenas desoyen el mandato del fin de la lucha de clases y se coligan para tomar el poder del Estado. Combinan- do mayorías parlamentarias con acción de masas, los gobiernos progresistas y revolucionarios implementan una variedad de opciones posneoliberales, mostrando que el libre mercado es una perversión económica susceptible de ser remplazada por modos de gestión económica mucho más eficientes para reducir la pobreza, generar igualdad e impulsar crecimiento económico.
Con ello, el fin de la historia comienza a mostrarse como una singular estafa planetaria y de nuevo la rueda de la historia –con sus inagotables contradicciones y opciones abiertas– se pone en marcha. Posteriormente, en 2009, en Estados Unidos, el hasta entonces vilipendiado Estado, que había sido objeto de escarnio por ser considerado una traba a la libre empresa, es jalado de la manga por Barack Obama para estatizar parcialmente la banca y sacar de la quiebra a los banqueros privados. El eficienticismo empresarial, columna vertebral del desmantelamiento estatal neoliberal, queda así reducido a polvo frente a su incompetencia para administrar los ahorros de los ciudadanos.
Luego viene la ralentización de la economía mundial, pero en particular del comercio de exportaciones. Durante los 20 años recientes, éste crece al doble del producto interno bruto (PIB) anual mundial, pero a partir de 2012 apenas alcanza a igualar el crecimiento de este último, y ya en 2015 es incluso menor, con lo que la liberalización de los mercados ya no se constituye más en el motor de la economía planetaria ni en la prueba de la irresistibilidad de la utopía neoliberal.
Por último, los votantes ingleses y estadunideneses inclinan la balanza electoral en favor de un repliegue a estados proteccionistas –si es posible amurallados–, además de visibilizar un malestar ya planetario contra la devastación de las economías obreras y de clase media, ocasionado por el libre mercado planetario.
Hoy, la globalización ya no representa más el paraíso deseado en el cual se depositan las esperanzas populares ni la realización del bienestar familiar anhelado. Los mismos países y bases sociales que la enarbolaron décadas atrás, se han convertido en sus mayores detractores. Nos encontramos ante la muerte de una de las mayores estafas ideológicas de los siglos recientes.
Sin embargo, ninguna frustración social queda impune. Existe un costo moral que, en este momento, no alumbra alternativas inmediatas sino que –es el camino tortuoso de las cosas– las cierra, al menos temporalmente. Y es que a la muerte de la globalización como ilusión colectiva no se le contrapone la emergencia de una opción capaz de cautivar y encauzar la voluntad deseante y la esperanza movilizadora de los pueblos golpeados.
La globalización, como ideología política, triunfó sobre la derrota de la alternativa del socialismo de Estado; esto es, de la estatización de los medios de producción, el partido único y la economía planificada desde arriba. La caída del muro de Berlín, en 1989, escenifica esta capitulación. Entonces, en el imaginario planetario quedó una sola ruta, un solo destino mundial. Lo que ahora está pasando es que ese único destino triunfante también fallece. Es decir, la humanidad se queda sin destino, sin rumbo, sin certidumbre. Pero no es el fin de la historia –como pregonaban los neoliberales–, sino el fin del fin de la historia. Es la nada de la historia.
Lo que hoy queda en los países capitalistas es una inercia sin convicción que no seduce, un manojo decrépito de ilusiones marchitas y, en la pluma de los escribanos fosilizados, la añoranza de una globalización fallida que no alumbra más los destinos.
Entonces, con el socialismo de Estado derrotado y el neoliberalismo fallecido por suicidio, el mundo se queda sin horizonte, sin futuro, sin esperanza movilizadora. Es un tiempo de incertidumbre absoluta en el que, como bien intuía William Shakespeare, todo lo sólido se desvanece en el aire. Pero también por ello es un tiempo más fértil, porque no se tienen certezas heredadas a las cuales asirse para ordenar el mundo. Esas certezas hay que construirlas con las partículas caóticas de esta nube cósmica que deja tras suyo la muerte de las narrativas pasadas.
¿Cuál será el nuevo futuro movilizador de las pasiones sociales? Imposible saberlo. Todos los futuros son posibles a partir de la nada heredada. Lo común, lo comunitario, lo comunista es una de esas posibilidades que está anidada en la acción concreta de los seres humanos y en su imprescindible relación metabólica con la naturaleza.
En cualquier caso, no existe sociedad humana capaz de desprenderse de la esperanza. No existe ser humano que pueda prescindir de un horizonte, y hoy estamos compelidos a construir uno. Eso es lo común de los humanos y ese común es el que puede llevarnos a diseñar un nuevo destino distinto de este emergente capitalismo errático que acaba de perder la fe en sí mismo.

jueves, 5 de mayo de 2011

FIESTA DE LA CHAKANA – CRUZ DE MAYO EN RENCA

Roberto Huerta <shamanroberto@gmail.com> escribió:

GRUPO APACHETA ORGANIZA FIESTA DE LA CHAKANA – CRUZ DE MAYO EN RENCA
Este sábado 7 de mayo, desde las 10.00 horas.
Nos reunimos en la Plaza de Renca.

Estimados amigos:
Esperando que esta misiva sea bien recibida, ya que nosotros como base y grupo cultural que trabaja y apoya a los distintos grupos como la Coordinadora Cultural Huamachuco y que también forma parte de un taller llamado Nuestra Historia, que integran gente con inquietudes políticas y que desarrolla una difusión indígena a través de la recuperación de ceremonias andinas, los invita para el día 7 de mayo en la plaza de Renca a celebrar la fiesta de la Chakana, la Cruz de Mayo.
Partiremos desde la Plaza de Renca y subiremos a una ladera del mismo cerro Renca a realizar una ceremonia andina -aymara para todas las personas naturales y organizaciones políticas, sociales y culturales.
Esto empieza a las 10:00 de la mañana.


domingo, 27 de diciembre de 2009

A propósito de Frei y el respeto al pueblo mapuche

"El juraméntico jamás cumplídico
Es el causántico del desconténtico"
(Violeta Parra, Mazúrquica Modérnica.

En 2005 hubo una publicación de Carlos Ruiz, a propósito de declaraciones desubicadas de la sra. Marta Larraechea en defensa del gobierno de su marido. Por la relación que ello tiene con la problemática que aflige al pueblo mapuche, y en especial a los Pewwenche, publicamos una nota en Mapuexpress.

Ex primera dama y Presidente enturbian las aguas del Biobío (Por Carlos Ruiz R., Consejería Indígena Urbana). PUBLICADO EN: http://www.mapuexpress.net/content/publications/print.php?id=172
Mapuexpress, 8 de agosto de 2005.



La mentira en política tiene una larga data de existencia. Pero la memoria es el antídoto contra la mentira.

Recientemente pudimos aclarar ciertos dichos de Juan Agustín Figueroa, quien ante el Tribunal ocultó la verdad de las relaciones entre su padre y las comunidades mapuche en los años 60 y 70. Ahora vemos cómo el 30 de julio nos informaba La Tercera, de cómo Lagos agradeció a Frei por haber impuesto la construcción de la represa Ralco, para conjurar las acusaciones de la desubicada Martita Larraechea, quien dijo que durante el gobierno de su esposo no se trabajó con familiares, a diferencia del gobierno de Lagos.

Todos sabemos que este es un país muy nepótico, donde la parentela vale más que el mérito personal. Por eso, sin ir muy lejos, las sagas de políticos padre-hijo-nieto, que sin contar los clanes en el parlamento, la justicia y el alto clero, ya nos ha dado dos presidentes Errázuriz, tres Montt, dos Alessandri y dos Frei, el último de los cuales, sin más mérito de llevar nombre y apellido paterno.

Pues bien, aparte de que en el gobierno de Frei II se favoreció (como es “normal” en los gobiernos) a muchos amigos, parientes de amigos y parientes de parientes, el mismo Presidente se vio involucrado en el hecho de autobeneficiarse con la construcción de Ralco. Este asunto ya lo había denunciado el periodista Cristián Opaso (Ver mapuche.nl). En la investigación, salieron al baile la mujer del entonces presidente y el hermano de éste, Francisco Frei. Otros enlaces se pueden hacer poniendo en el buscador: [“Francisco Frei” corrupción].

Esperamos sean ciertos los prometidos beneficios materiales de la construcción de la represa, lo que se verá cuando se pruebe plenamente su eficiencia técnica. Entonces veremos si fue una acertada elección como estrategia de producción de energía. Pero en lo que el Presidente Lagos ha mentido al país, fue al decir el 2002 que sin la represa, el costo de la electricidad subiría. De todas formas subió, y la economía de la "familia chilena" no se benefició. Preguntémonos entonces, cuáles son las familias beneficiadas con el asunto Ralco. Y de paso, preguntemos a los habitantes de Hualqui y otros lugares de la cuenca, que quedan ahora sistemáticamente inundados con las aguas del Biobío, cuál ha sido su balance en lo material.

Para refrescar la memoria de este país, es conveniente hacer de nuevo enlace con la investigación periodística de Opaso. Las inoportunas declaraciones de la sra. Larraechea no ayudan para nada a los fines de su coalición gobernante, dejando ver los conflictos intestinos que origina el poder. Acaso por esos desaciertos, la sra. Larraechea no le ha ganado en política a nadie, incluyendo al sr. Lavín.

Ralko y los negocios de Eduardo Frei Ruiz-Tagle.
http://www.mapuche.nl/publ/ralco_eduardofrei.htm


Investigación periodística demuestra cómo el ex Presidente de la República utilizó sin asco y hasta la hora postrera sus atribuciones para favorecer a Endesa

por Cristian Opaso* :: Resistencia Mapuche - Julio de 2002
LEER MÁS:

OTRAS INFORMACIONES RELACIONADAS CON EL CASO RALKO:

Informaciones relativas a declaraciones de Consejero Indígena Urbano José Llancapan y Ricardo Lagos, acerca de Ralco, el 11 de octubre de 2002.

Fuente: Centro de Documentación Ñuke Mapu.

http://www.mapuche.info/news/anews02jul_dec.html


Consejero Conadi protestó contra política indígena: Un inesperado revés para el Presidente Lagos tuvo la ceremonia de cambio de nombre del Patio de los Gomeros a Patio del Canelo en el palacio de La Moneda. Dicho árbol, presente en todas las ceremonias mapuches, fue plantado por representantes de dicho grupo étnico. Al tomar la palabra el consejero de la Conadi José Llancapán, manifestó concurrir al lugar con "sentimientos encontrados", pues a su entender, "no olvidamos mientras plantamos este árbol que en otro lugar suceden hechos que hieren el alma... Ralco se está construyendo en contra de la voluntad de los mapuches". Austral, 12 de octubre de 2002.

Lagos: 'Decir no a Ralco, es decir sí al alza de la electricidad': Lagos abordó el tema de la construcción de la represa hidroeléctrica Ralco en el Alto Bío Bío, en el marco de la conmemoración del noveno aniversario de la promulgación de la Ley Indígena. "Sé el problema de Ralco, pero también sé que este país, porque va creciendo, necesita más electricidad. A lo mejor podemos decir no a Ralco, pero vamos a decir sí al aumento de precios de la electricidad", dijo. El Mostrador, 12 de octubre de 2002.

Ralco evitará un alza eléctrica aseguró Lagos: El Presidente de la República, Ricardo Lagos, dijo ayer que decir "no" a la construcción de la central hidroeléctrica Ralco, significará decir "sí" al alza de la electricidad. Diario El Sur, 12 de octubre de 2002.


"Mapuches invitados por Don Ricky mostraron la ojota en La Moneda" "En vísperas del Día de la Raza, le aportillaron plantación de un canelo, estrilando contra Ralco". La Cuarta, 12 de octubre de 2002.

http://www.lacuarta.cl/diario/2002/10/12/12.06.4a.CRO.LAGOS.html